11 de mayo de 2016

Vete ahora. Todavia se el camino de vuelta a casa. Todavia me recuerdo.
Dame tan solo un motivo
para poder odiarte.
El mar se rompio sobre las rocas, tal y como estaba previsto desde el minuto antes de que se conocieran.
Por si acaso he dejado la ventana abierta, la mesa puesta y un par de botellas de vino. Por si quieres pasarte. Prometo cena, vino blanco y buenas copas.
Y mientras cenamos, hablar de que todo lo que había imaginado antes de volver a besarte va a naufragar en la orilla de tus pestañas. Te preguntaré qué planes habías pensado antes de me escupieras todas esas excusas, que yo ya habia dicho alguna vez. Y que de algun modo, he llegado a creerme. Que quizá dentro de un tiempo volvamos a suceder. O siga mordiéndome la lengua para no besarte cada vez que te vea.
Asi que cuando te vayas voy a mentirme, me diré que no eras lo suficiente bueno, que merezco algo mejor. Aunque sepa que el tiempo no ha estado de nuestro lado. Que nos ha puesto a prueba y hemos perdido.
Suéltame. Ayúdame a no tener que hacer fuerza para no verte cada vez que cierre los ojos, a no pensar en ti cuando llegue el desastre de tocarme sola. Y es triste saber que a lo mejor imagino tus labios cuando bese huídas, y pienso en tus abrazos cuando me desgarren la piel buscando un trocito de mi. Las letras de Andrés me recuerdan que aun me duelen los pies. He bailado bajo lluvias equivocadas y perdón por los bailes. Por pisarte los pies una y otra vez.
Voy a intentar encontrarme mientras tú te buscas en ese mundo al revés. Y es que las personas como tú no hablan de las cosas importantes si no hay un par de cubatas por medio. Y las personas como yo nos tiramos al vacío sin paracaídas. Y durante la caída, si me surgían dudas, recordaba cuando me pedías un beso. Pero no sirvió para llenarlo.
Nos quedaron muchas cosas en el tintero. Y casi duele más de esta manera. Lo llamaste miedo, cuando era que te faltaban fuerzas.

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