29 de agosto de 2016

Dime qué,
Dime qué hago yo con este vacío que dejaste en mi cuerpo.
Dime qué hago con las ilusiones que me hice cuando aún pareciamos posibles.
Dime qué hago con mis labios y esas ganas de besarte cada vez que te veo morderte la sonrisa.
Dime qué pasa con mi nariz, que dice que echa de menos rozar la tuya.
Dime cómo calmar mis nervios cada vez que andas cerca.
Dime cómo puedo esconderme de los recuerdos.
Dime cómo olvidar la textura de tu piel.
Dime porqué abres y cierras la herida a tu antojo.
Dime porqué eres el dueño de mis sueños.
Dime porqué aún sigo esperando una llamada, de estas que acaban bien, en la que me digas que basta ya de hacer el tonto, que salgamos de copas y hablemos de nosotros.
Dime porqué, aunque sean milimetros, parecen kilómetros la diferencia entre tus dedos y los mios.
Dime porqué, de repente estoy perdida desde que me dijiste que no te encontrabas.
Dime porqué la llama de mi esperanza aún no se consume.

Dime tú,
Dime qué hago con tus ojos y esas ganas de mirarlos siempre.
Dime qué hago con la luna y las estrellas si cada vez que miro al cielo se dibujan tus facciones.
Dime qué hago con tus manos, la ternura de tu boca y la mancha en tu cadera.
Dime porqué apareces en mi cabeza este durmiendo o despierta.
Dime cuántos amores de contenedor hay que tener para que vuelvas. O para olvidarte.
Dime cómo hago para olvidar esa banda sonora tan bonita, que es tu risa.
Dime cómo se hace para no querer encontrarte en cada esquina.
Dime cómo ir de frente.
Dime cómo se olvida el calor de tu espalda. De momento me quedo aquí, por si me buscas, para que veas que nunca me fui del todo.