Ya estábamos lejos. Lejos de todo, lejos de ti, que es lo que más dolía. Y todo nos llevaba a acercarnos de nuevo, con indirectas, 'en lineas' que se hacían eternos y que deseaban que cambiara a 'escribiendo'. Y todas las noches las pasábamos pensando en cómo seria todo si aun fuésemos un nosotros y no unos desconocidos con sentimientos sangrando, y esto también pasaba en los momentos de soledad dónde no podíamos hacer otra cosa que pensarnos, y era bonito, aunque no os lo creáis.
Y de tan lejos que estamos, empiezo a pensar que esa distancia también nos está empezando a alejar de ser un poquito más como éramos antes de aquel incendio que nos convirtió en cenizas que aún no hemos terminado de recoger, y que vamos escondiendo por miedo a enfrentar un invierno donde no podamos tiritar en los brazos del otro, porque me persigue demasiado la idea de volver al calor de tus brazos, a esas noches donde intentábamos retrasar el orgasmo para mirarnos y disfrutar juntos un poquito más, que quizá ya me esté empezando a escocer eso de no poder decirte que te quiero, de tener que esconder mis lágrimas cada vez que hablo de ti. Tal vez no estoy preparada para reír con algo que no sean tus cosquillas. Que aún no quiero irme, retraso mi vuelo unos días más, no me decido a saltar al vacio y esperar que otra persona me coja, porque quizá lo que más desee es que tú estés abajo y que al cogerme, me beses una y otra vez, y que me abraces, que me abraces tan fuerte que incluso duela, como me duele quererte. Así que corazón, abreme la puerta que te he traido todas las estrellas del cielo que me recordaban a tus lunares. Una vez más.
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